En el año 1981 la Conferencia Episcopal Argentina lanza la Prioridad Juventud y organiza por sectores la evangelización de los jóvenes. Uno de esos sectores era  “jóvenes marginados”, que incluía a jóvenes con discapacidad. Estos decidieron armar un sector propio.

En la Arquidiócesis de Buenos Aires fue uno de los sectores, que terminada la Prioridad Juventud, siguió trabajando. Estaba integrado por jóvenes con y sin discapacidad. Concurrían a las parroquias para concientizar sobre esta temática al final de las misas, visitaban algunos centros de personas con discapacidad y daban catequesis.

A partir de 1990 este sector toma una nueva dimensión al convocar a diversas iniciativas existentes referidas a la temática de la discapacidad (catequistas, maestros, personas con discapacidad motora, personas con discapacidad auditiva, personas con discapacidad visual, padres, etc.). Así se convierte en una Comisión para las personas con discapacidad. El Card. Antonio Quarracino estableció que sus objetivos fueran animar, promover y coordinar las tareas que se realizaran en la Arquidiócesis hacia dichas personas.

Crecieron las acciones hacia el interior de la Iglesia buscando generar una mayor toma de conciencia y apertura hacia esta población, y hacia la sociedad en general, junto con otras organizaciones, promoviendo su reconocimiento y cambios necesarios. Fueron diversas las acciones realizadas en pro de la visualización de esta población y sus necesidades y de sus derechos.

Desde esta comisión se generó, en la Iglesia de Buenos Aires y también en ámbitos eclesiales, una reflexión sobre esta realidad y sus múltiples dimensiones. Ella fue una referencia de consulta y generadora en pro de su inclusión en sus actividades.