CENSO 2001 - ENCUESTAS NACIONAL DE DISCAPACIDAD 2002-2003 - INDEC

Los datos tienen sus limitaciones provenientes en primer lugar de la dificultad de consultar a la población acerca de un concepto como el de “discapacidad”. No todas las personas entienden lo mismo sobre esta, para algunos algo es discapacidad y para otros no. Además hay muchos prejuicios sobre esta realidad y no siempre se la quiere reconocer. A su vez no hay que olvidar que la encuesta se hizo en localidades de 5.000 habitantes y más, en los lugares menores a este número hay una cantidad importante de personas con discapacidad que no fue tenida en cuenta.

 

  • Cantidad de personas con discapacidad

 

Se calcula que en la Argentina hay 2.176.123 personas con al menos una discapacidad (7,1% de la población).

 

El 20,6 % de los hogares que habitan en localidades de 5.000 habitantes o más albergan al menos una persona con discapacidad. Esto da un valor de 1.802.051 hogares, que a su vez brinda una idea acerca de la magnitud real de la situación dado que la familia o el resto de los miembros del hogar se ven involucrados o afectados de manera directa por la presencia de al menos un miembro en esta situación.

 

Se calcula que junto a las 2.176.123 personas con discapacidad conviven 4.463.156 personas sin discapacidad. O sea un 22% de la población argentina, ya sea por que tiene una discapacidad ya sea porque convive con estas personas, está en relación directa con la temática de la discapacidad.

 

De las 2.176.123 personas con discapacidad alrededor del 12% tiene entre 0 y 14 años, el 50% corresponde al grupo de 15 a 64 años y casi el 40% son adultos mayores (65 años y más). Casi el 74% tiene una discapacidad, el 20% tiene dos discapacidades y el 6% tres o más discapacidades. Entre quienes tienen una discapacidad la predominante es la motora (casi 42%), le sigue la sólo visual (casi 20%), luego la sólo auditiva y sólo mental (ambos casi con un 16%). Por último, con menos de un 3%, la sólo del habla o sólo otro tipo.

 

Esta distribución ofrece diversos resultados cuando se analiza por grupos de edad. Para los menores de 15 años la discapacidad predominante es la mental (casi 38%), fundamentalmente el retraso. La discapacidad motora en los niños es del 18%. Por su parte, los adultos mayores registra una proporción importante de discapacidades motoras (casi 56%) y en menor medida auditivas (20%) y visuales (un poco más del 17%), teniendo menor prevalencia la discapacidad mental.

 

En cuanto a la población con más de una discapacidad (567.000 personas), las combinaciones más frecuentes son las visual-motora (casi 26%), la auditiva-motora (casi 16%) y la mental- motora (12,6%).

 

  • Situación de autovalimiento

 

Es importante ver la situación de autovalimiento que tienen estas personas a fin de considerar su posibilidad de enfrentar la vida por sí mismos o la necesidad de ayuda de otra persona. Se tuvo en cuenta la capacidad manifestada por las personas con discapacidad de 14 años o más para llevar a cabo las actividades de la vida diaria, independientemente de que por distintas circunstancias no las realicen habitualmente. Se consideran tanto actividades básicas –comer y beber, lavarse y cuidar de su aspecto- como instrumentales –realizar las tareas domésticas, realizar las compras, salir y viajar en transporte público.

 

En el análisis de las actividades básicas se observa que casi el 94% de las personas con discapacidad de 14 años o más pueden comer y beber por sí mismas. El resto, lo hace con algún tipo de ayuda, lo que significa que sólo aproximadamente cinco de cada cien personas con discapacidad requieren ayuda para alimentarse o para el uso de utensilios para comer o beber. En estos últimos son los adultos mayores de 75 años y más los que más necesitan ayuda. La necesidad de ayuda se incrementa a medida que aumenta la cantidad de discapacidades que tiene la persona (9,4% para las que tienen dos discapacidades).

 

Una mayor proporción de personas con discapacidad manifiestan necesitar ayuda para lavarse y cuidar su aspecto, casi el 16%. Son las personas de 75 años y más quienes se encuentran con mayores necesidades de ayuda para realizar esta actividad (26,4%). La necesidad de ayuda aumenta para quienes tienen más discapacidades hasta llegar al 46% entre las que manifiestan tres discapacidades o más.

 

Para actividades algo más complejas, como realizar las tareas domésticas (limpieza de hogar, pequeñas reparaciones o planchar la ropa, etc.) el porcentaje de quienes necesitan ayuda es de casi 12,5% y no pueden es de 18%. La imposibilidad de hacer estas tareas es mayor conforme avanza la edad, casi 19 de cada 100 personas de 65 a 74 años y 31 personas de cada cien de 75 años y más.

 

Pueden hacer las compras con ayuda casi el 12% y no pueden hacerlo casi el 26%. Casi el 46% de personas con discapacidad de 75 años y más declara que no puede hacer estas tareas y con ayuda el 13%.

 

La acción de salir, es decir orientarse y desenvolverse fuera del hogar, es la actividad que presenta mayores necesidades de ayuda para efectuarla (26,6%) y directamente no pueden hacerlo el 9,6%. Entre las personas de 75 años y más casi el 39% necesitan ayuda y casi el 19% no pueden salir.

 

Casi el 48% de las personas con discapacidad de 14 años o más sale de su casa todos los días. Casi un 22% lo hace sólo excepcionalmente o nunca.

 

Las personas con discapacidad de 14 años o más que viajan por sí mismas en transporte público son poco más de la mitad (54,5%), el 19,5% lo hacen con ayuda y casi un 25% no pueden hacerlo.

 

  • Ayudas técnicas externas

 

Las denominadas ayudas técnicas externas engloban un heterogéneo conjunto de productos, instrumentos, equipamientos o sistemas técnicos para personas con discapacidad (como silla de ruedas, audífonos, bastones, computadoras adaptadas, oxígeno, sondas, etc.) cuyo objetivo es tratar de evitar, compensar, mitigar o neutralizar las limitaciones para realizar las diferentes actividades de la vida diaria y mejorar la autonomía personal y la calidad de vida.

 

Hay que aclarar que no toda persona con discapacidad requiere necesariamente de estos elementos y que otros no los usan porque desconocen el beneficio que podrían obtener de su uso por falta de información o asesoramiento especializado.

 

Según lo declarado, la cuarta parte del total de personas con discapacidad, usa estas ayudas. El resto, no las utiliza. Pero mientras que el 61,6% no las necesita, casi un 13% sí las requiere pero no las usa. De estas últimas el 56,4% aduce no tener suficientes recursos económicos y el resto argumenta otros motivos.

 

  • Situación de inclusión/exclusión

 

* Salud: El 60% del total de las personas con discapacidad, casi 1.300.000 personas, tienen cobertura de salud por obra social y/o plan de salud privado o mutual. Esta cobertura aumenta con la edad. Los adultos mayores concentran las proporciones más altas, en especial las personas de 75 años y más que alcanzan casi el 90%. La tendencia para el total de la población es muy similar a la observada para la población con discapacidad (54% con cobertura).

 

* Tratamiento (Estimulación temprana, tratamiento o rehabilitación, a causa de la discapacidad): Mientras el 60% de las personas con discapacidad reciben o recibieron algún tratamiento, el 14% no lo recibió nunca y casi el 22% manifiesta no necesitar ningún tipo de atención.

 

Entre los que se atienden, casi el 30% lo cubre con el presupuesto del hogar, el 34,4% lo hace mediante la obra social y el 35,6% mediante otras formas tales como un plan médico privado o mutual, con la ayuda de otro tipo de institución privada, una institución estatal, un subsidio estatal o con otros medios.

 

En cuanto a las 311.216 personas que no reciben ni recibieron, pero necesitan o necesitaron algún tratamiento o rehabilitación, los motivos por los cuales esta población con discapacidad no lo recibe son especialmente económicos (casi 56%), el resto aduce motivos (40%), tales como que no se lo cubren o no se lo otorgaron o que el servicio le queda lejos del lugar donde viven.

 

* Certificado de discapacidad: El mismo es un documento público que certifica justamente la situación de discapacidad y permite acceder al ejercicio de ciertos derechos (pase gratuito en el transporte público terrestre de jurisdicción nacional, cobertura de la atención de la discapacidad por parte de las obras sociales nacionales, etc.). Casi el 82% de personas con discapacidad no poseen este certificado.

 

* Seguridad social: Casi el 21% de las personas con discapacidad de 14 años o más perciben una jubilación ordinaria, es decir que una de cada cinco personas es un jubilado. El 13,6% del total de las personas con discapacidad recibe una pensión por fallecimiento. El 5,6% de las personas con discapacidad de 14 años y más perciben una jubilación o retiro por invalidez. El 7,2% de las personas con discapacidad percibe una pensión a causa de su discapacidad. Un 2,2% de la población con discapacidad declara estar recibiendo un subsidio a causa de la discapacidad en caso de necesidad de organismos nacionales, provinciales o municipales

 

* Educación:

 

Un indicador importante en educación es la asistencia actual o pasada a un establecimiento educacional (sea educación común o especial) de las personas de 3 años o más de edad. El primer resultado es que mientras para las personas con discapacidad la asistencia actual es de casi el 14% para el total de la población esta proporción asciende al 33%.

 

Considerando la edad, de las 298.214 personas con discapacidad que asisten actualmente, el 63,6 % son niños (entre 3 y 14 años) y el 27,8% son jóvenes (entre 15 y 29 años).

 

Interesa señalar que del total de niños con discapacidad, el 81,2% concurre a un establecimiento educativo y que del total de jóvenes con discapacidad, el 33,0% están actualmente escolarizados. Si bien en el total de la población también hay una brecha entre niños (87,3%) y jóvenes (41,3%) en cuanto al acceso, en el caso de las personas con discapacidad la brecha es muy significativa.

 

Del total de niños el 56,5% recibe educación común, el 17,7% educación especial y el 7% ambas. Entre los jóvenes estas proporciones equivalen a 20,2%; 9,3% y 3,5% respectivamente.

 

Entre las personas que asisten a educación común, todas las discapacidades están representadas de modo similar, el 23,7% tienen discapacidad sólo visual, el 21,4% sólo motora, el 19,9% sólo auditiva y el 19,9% sólo mental.

 

En cuanto a la educación común, la gran mayoría asiste o asistió a un establecimiento de gestión pública (91,5%), el 6,6% lo hace o lo hizo a una escuela de gestión privada. Es entre los niños con discapacidad (3 a 14 años) donde la asistencia a la educación común privada asume el valor más alto (13,3%).

 

En cuanto a la educación especial, si bien es cierto que la relevancia de la ecuación pública es también predominante (73,2%), la importancia del sector privado es mucho más significativa que en la educación común (23,8%).

 

El 64,3% de las personas con discapacidad de 15 años y más ha logrado terminar sus estudios primarios y una de cada tres personas con discapacidad no ha accedido al umbral mínimo de educación. Al mirar la población total, se tiene que el total de la población de 15 años y más que logró finalizar los estudios primarios es del 87,5%, con un aumento especialmente en la proporción de población de los mayores niveles educativos (hasta secundario completo y terciario incompleto y terciario completo y más), y el 12,5% accedió sólo a los estudios primarios incompletos.

 

En este mismo sentido, se observa que el 17,8% de la población con discapacidad ha terminado sus estudios secundarios, entre ellos el 10,4% corresponde a población que alcanzó hasta secundario completo y terciario incompleto y el 7,4% a terciario completo y más. En la población total, la proporción de personas que han finalizado el nivel secundario asciende a 73,1%.

 

* Trabajo

 

Para el total de la población con discapacidad la tasa de actividad (población de 14 años y más tiene una ocupación o sin tenerla la está buscando activamente) es de 29,5%, es decir que aproximadamente 30 de cada cien personas de 14 años y más trabajan (483.717) o buscan trabajo (90.748) en la semana de referencia de la ENDI. Por su parte, para la población total de 15 años y más este valor es notablemente más alto alcanzando el 57,8%.

 

Para el total de la población económicamente activa de 15 años y más la tasa de desocupación es del 16,7%. A su vez, la ENDI registra una tasa de desocupación de 15,8% entre las personas con discapacidad. Este es uno de los puntos más criticados que tuvo la encuesta ya que datos no oficiales calculan que el nivel de desocupación es del 80%, acá juegan los criterios que se tienen para considerar la tasa de actividad.

 

La categoría ocupacional: Del total de la población ocupada, los asalariados representan casi el 72%, entre las personas con discapacidad este valor desciende al 47,5%. Los trabajadores por cuenta propia representan en el total de la población ocupada el 42,5% y entre las personas con discapacidad el 23%.

 

De la población con discapacidad asalariada el 63,1% trabaja en el sector privado y el 32,4% lo hacen en el sector público, sea nacional, provincial o municipal.

 

El análisis del descuento o aporte jubilatorio es uno de los indicadores que permiten evaluar la precariedad laboral de la población ocupada. Se observa que casi el 70% de la población ocupada con discapacidad no hace aportes jubilatorios o no le descuentan. Esta situación se profundiza especialmente para los trabajadores por cuenta propia quienes en su gran mayoría (90%) no están dentro del sistema de seguridad social.

 

La población inactiva o desocupada (1.420.986) que trabajó alguna vez (957.018) la ENDI le preguntó acerca de si ha perdido el trabajo a causa de la discapacidad. Una de cada tres personas respondió afirmativamente. Esta proporción crece entre los 30 y 49 años (51,6%) y entre los de 50 a 64 años (48,5%).

 

* Situación conyugal

 

La situación conyugal en términos de la formación del propio núcleo resulta un reflejo importante de la inclusión social.

 

Poco menos de la mitad de las personas de 14 años y más con discapacidad vive en pareja (casados o en unión consensual) (44,1%), la mayoría en unión legal, mientras que casi tres de cada diez han estado en parejo, pero en la actualidad se trata de uniones ya disueltas, la mayoría por viudez (22,1%), el resto por separación o divorcio (6,8%) y un 25,5% permanecen solteros.

 

Si se compara con los datos obtenidos en el Censo 2001 para el total de la población, las diferencias no son demasiado relevantes. Mientras que el 40,9% de la población total de 14 años y más son casados, el 35,9% de las personas con discapacidad está en dicha situación. En cuento a los solteros, representan el 33,6% en la población total y el 25,5% en las personas con discapacidad. Este menor peso de los casados y los solteros entre las personas con discapacidad se debe a la mayor importancia relativa de los viudos en este último grupo, que son el 22,1% del universo de la ENDI pero sólo el 6,9% de la población total. Este último hecho está asociado a la diferente estructura de edad que presenta una y otra población. Dado que el peso de los adultos mayores es mucho mayor entre las personas con discapacidad que en la población total, la viudez es más frecuente entre las primeras respecto de la segunda.

 

Si se considera a los jóvenes de 14 a 29 años, se observa que la proporción de los casados es de sólo 4,7% entre la población con discapacidad y del 12,1% en la población total. Aquí si hay una diferencia relevante. Si se mira los que viven en pareja, el 15% en la población total y el 8,2% en la población con discapacidad.

 

En cuanto a los adultos más jóvenes, entre 30 y 49 años, los solteros representan el 14,8% en la población total pero el 35,2% en la población con discapacidad. Si lo esperable para esas edades es convivir en pareja, esa situación existe para el 76,8% de la población total y para el 51,85 de las personas con discapacidad.

 

La incidencia de la viudez se incrementa sustancialmente con la edad, alcanzando a más de la mitad de la población con discapacidad del grupo de 75 años y más (54,3%), algo parecido a la población total (50,8%).

 

* Fecundidad

 

El 34% de las mujeres de 14 a 29 años de la población total tienen hijos frente a un 22,8% de las mujeres con discapacidad de ese mismo grupo de edad. El 86,5% de las de 30 a 49 años de la población total tienen hijos ante un 72,3% de las mujeres con discapacidad de dicho grupo de edad y 89,9% de las de 50 a 64 años de la población total tienen hijos frente a un 83,2% de las de la misma edad con discapacidad.

 

Debe tenerse en cuenta que este resultado se encuentra influenciado por la estructura de edad de las mujeres en una y en otra subpoblación. La población femenina con discapacidad representa una importante proporción de población de 65 años y más. Es esperable que aquellas mujeres que hoy forman parte del grupo adulto mayor hayan adquirido la discapacidad con posteridad a haber culminado su edad reproductiva.

 

Al considerar la edad a la que la mujer con discapacidad adquiere dicha condición se observa la relación que existe respecto de la tenencia de hijos nacidos vivos. En efecto, las mujeres que adquieren su discapacidad en edades más jóvenes manifiestan menor tendencia a tener hijos que aquellas que adquieren su discapacidad en edades avanzadas y han superado la edad reproductiva. Por ejemplo, menos del 68% de las mujeres de 65 años y más que se discapacitan en las primeras edades (0 a 4 años) tienen hijos, en tanto más del 85 % de las del mismo grupo de edad pero que adquieren la discapacidad después de los 30 años los tiene.

CENSO 2010 - INDEC

En el Censo 2010 de la República Argentina llevado adelante por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) se indaga por “personas con dificultad o limitación permanente” considerando como tales, a aquellas que declaran tener “limitación en las actividades diarias y restricciones en la participación, origina­das en una deficiencia física (por ejemplo para ver, oír, caminar, agarrar objetos, entender, aprender, etcétera) que las afectan en forma permanente para desenvolverse en su vida cotidiana dentro de su entorno físico y social (por ejemplo en la educación, en la recreación, en el trabajo, etcétera)”. El marco teórico sobre el que se sustenta el abordaje de la discapacidad en el Censo 2010 está basado en el enfoque biopsicosocial del concepto de discapacidad que propone la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud (CIF) del año 2001. Dicha Clasificación contempla a la discapacidad “(…) como el resultado de una compleja relación entre la condición de salud de una persona y sus factores personales, y los factores externos que representan las circunstancias en las que vive una persona. A causa de esta relación, los distintos ambientes pueden tener efectos distintos en un individuo con una determinada condición de salud. Un entorno con barreras, o sin facilitadores, restringirá el desempeño/realización del individuo; mientras que otros entornos que sean más facilitadores pueden incrementarlo”.

 

La pregunta que se hizo a toda la población es la siguiente: ¿Tiene dificultad o limitación permanente para… ver, aún con anteojos o lentes puestos?, oír, aún cuando usa audífono?, caminar o subir escalones? Agarrar objetos y/o abrir recipientes con las manos? entender y/o aprender?

También se hizo otra pregunta destinada a la unidad de análisis “Población”, que se ubicó en el cuestionario ampliado que se apli­có al 100% de las viviendas en localidades de menos de 50 mil habitantes y a un 10% de las viviendas de las localidades de más de 50 mil habitantes.

 

Esto permitió la localización de la población con alguna dificultad o limitación permanente, por sus distintos tipos y/o cantidad de dificultades y el cruce con otras variables que se indagan en el censo, como por ejem­plo educación, salud y previsión social, migraciones, trabajo, vivienda donde habitan, entre otras. De esta manera, se puede obtener una perspectiva más amplia de la población con prevalencia y sus características.

 

Los datos del cuestionario ampliado del Censo, que se aplicó a una parte de la población, son estimaciones de una muestra y por tanto contemplan el llamado “error muestral”.

Población con dificultad o limitación permanente

 

Personas que declaron tener limitación en las activi­dades diarias y restricciones en la participación, que se originan en una deficiencia (por ejemplo para ver, oír, caminar, agarrar objetos, entender, aprender, etcétera) y que las afectan en forma permanente para desenvolverse en su vida cotidiana dentro de su entorno físico y social (por ejemplo en la educación, en la recreación, en el trabajo, etcétera). La captación de la limitación o dificultad de las personas para el Censo incluye a aquellas que cuentan con certificado de discapacidad y aquellas que no lo poseen pero declaran tener alguna/s dificultad/es o limitación/es permanente/s para ver, oír, moverse, entender o aprender.

 

La dificultad o limitación debe ser “actual” (afecta al individuo en el momento de la entrevista) y “permanente” (duradera en el tiempo, superior a un año). Esto excluye las discapacidades de corto plazo producto de condiciones transitorias tales como enfermedades o fracturas.

 

Tipos de dificultades o limitaciones permanentes: son las diferentes dificultades o limitaciones perma­nentes derivadas de posibles deficiencias físicas o mentales, que afectan a esta población. Las categorías incorporadas en el Censo permiten tener datos sobre los siguientes tipos de dificultades: visuales, auditivas, motoras superiores, motoras inferiores y cognitivas.

Prevalencia (Porcentaje) de personas con discapacidad y estructura sociodemográfica

 

La prevalencia obtenida para el total del país a nivel población es de 12,9%, lo que representa 5.114.190 personas que declaran tener alguna dificultad o limitación permanente. A nivel hogar es de 30,6%, o sea que en 3 hogares de cada 10 hay por lo menos una persona con discapacidad.

 

En relación con la estructura por sexo de la población con dificultad o limitación permanente (a partir de ahora PDLP), las mujeres presentan una prevalencia superior a los varones, con una diferencia de 2,3 puntos porcentuales (cuadro 1). El 11,7% de los varones tiene discapacidad y el 14% de las mujeres tiene discapacidad.

 

Con respecto a la prevalencia según grupos etarios (edad) (cuadro 2), se observa que aumenta a medida que en­vejece la población. La menor prevalencia se registra en el grupo de 0 a 4 años, mientras que la mayor se encuentra en el grupo de 80 años y más para ambos sexos, 53,1% para los varones y 58% para las mujeres.

 

  • Distribución espacial

 

Con relación a la distribución en todo el país, la región con mayor prevalencia es la del Noroeste Argentino (NOA). Las provincias de esta región presentan valores superiores al 16%, ex­cepto Tucumán con un 14,3%; el valor más elevado corresponde a la provincia de La Rioja con 17,1%.

 

En la Región Patagónica, las provincias del Neuquén y Río Negro presentan la prevalencia más alta con un 15,1% y 14,5% respectivamente. Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur tiene la prevalencia más baja del país, con un 9,8%.

 

Provincia - Total de personas - Total de personas  con discapacidad - %

Ciudad de Buenos Aires -  2.830.816 - 316.844 - 11,2

Buenos Aires - 15.482.751 - 1.853.457 - 12,0

24 partidos del Gran Buenos Aires - 9.863.045 - 1.221.121 - 12,4

Interior Provincia de Buenos Aires - 5.619.706 - 632.336 - 11,3

Catamarca - 362.307 - 58.316 - 16,1

Chaco - 1.048.036 - 161.452 - 15,4

Chubut - 498.143 - 64.251 - 12,9

Córdoba - 3.256.521 - 402.512 - 12,4

Corrientes -985.130 - 133.989 - 13,6

Entre Ríos - 1.223.631 - 142.656 - 11,7

Formosa - 527.023 - 76.024 - 14,4

Jujuy -  666.852 - 108.895 - 16,3

La Pampa  - 315.110 - 35.931- 11,4

La Rioja- 331.674 - 56.817 - 17,1

Mendoza - 1.721.285 - 228.142 - 13,3

Misiones - 1.091.318 - 153.455 - 14,1

Neuquén - 541.816 - 81.627 - 15,1

Río Negro - 626.766 - 91.072 - 14,5

Salta - 1.202.754- 195.202 - 16,2

San Juan - 673.297 - 103.894 - 15,4

San Luis - 428.406 - 56.355 - 13,2

Santa Cruz - 261.993 - 30.668 - 11,7

Santa Fe  - 3.164.038 - 404.221 - 12,8

Santiago del Estero - 867.779 - 140.773 - 16,2

Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur - 123.117 - 12.016 - 9,8

Tucumán - 1.440.568 - 205.621 - 14,3

 

En relación con la distribución de la población con DLP según su área de residencia, se observa que la ma­yoría vive en áreas urbanas (89,9%) y en área rural (10,1%), con una distribución similar a la de la población total (90,9 % reside en área urbana y 9,1% en área rural).

 

Área urbana y rural: diferencia las áreas donde habita la población, según el tamaño de las localidades. Se identifican como urbanas, aquellas áreas de 2.000 y más habitantes, y son consideradas rurales, aquellas de menos de 2.000 habitantes.

 

 

3. Cantidad y tipo de dificultades o limitaciones permanentes

 

En este capítulo se analizan las diferentes dificultades o limitaciones permanentes derivadas de posibles deficiencias físicas o mentales que afectan a esta población. Las categorías incorporadas en el Censo per­miten tener datos sobre los diferentes tipos de limitaciones: visuales, auditivas, motoras superiores, motoras inferiores y cognitivas.

 

La población con sólo una dificultad por tipo:

 

La mayor parte de esta población tiene una dificultad visual (personas que aún utilizando anteojos o lentes, tienen dificultad permanente de visión, ya sea de lejos o de cerca, para percibir el tamaño, la forma y el contorno de objetos distantes sea cual fuere la causa, por ejemplo para ver el cordón de la vereda, leer el diario, coser, o ver la hora de un reloj a una distancia normal), un total de 2.069.151 personas que representan casi el 60% del total de población con sólo una DLP.

 

Entre las dificultades motoras inferiores (personas con anomalías congénitas y/o adquiridas, óseas, articulares, ampu­taciones en piernas y/o rodillas, tobillos o pies, con dificultad permanente de movilidad. Se excluye cualquier persona con dificultad temporaria como por ejemplo a causa de torceduras, fracturas, aplicación de yesos, que está en posoperatorio, etcétera.) y superiores (personas con anomalías congénitas y/o adquiridas, óseas, articulares o amputaciones en hombros y/o brazos, codos o manos con dificultad permanente de movilidad. Se excluye cualquier persona con dificultad temporaria, como por ejemplo a causa de torceduras, fracturas, aplicación de yesos, que está en posoperatorio, etcétera.) se concentra casi el 24%.

 

Las personas con dificultades auditivas (personas que aún utilizando audífono o que tengan un implante coclear, tienen difi­cultad permanente para oír.) representan algo más del 8%.

 

Las personas con dificultades cognitivas (personas con dificultad - según la edad - para aprender, memorizar, comprender, reproducir y/o ejecutar operaciones de distinta índole, o con dificultad para relacionarse de manera conven­cional con otros.) representan algo más del 8%.

 

Población con dos o más dificultades o limitaciones permanentes, con y sin limitación cognitiva: 1.637.914. Sin limitación cognitiva: 1.105.117. Con limitación cognitiva: 532.797.

 

La población con alto nivel de dependencia (la población que tiene dos o más dificultades o limitaciones permanentes, donde una de ellas es cognitiva) es de 532.797. Se concentra en las edades más jóvenes y va disminuyendo a medida que envejece, si bien en el grupo de 0 a 4 años se observa un pequeño subregis­tro de esta población, que rompe la tendencia observada. Esto puede ser explicado en parte por la decla­ración de los padres o tutores del niño/a por el cual se responde, ya que probablemente en esas edades no existe aún un diagnóstico efectivo de este tipo de DLP.

 

La tendencia descripta puede explicarse por razones asociadas a DLP de carácter congénito en los niños/as o recién nacidos que impactan en las dificultades de tipo cognitivo, por la menor expectativa de vida que tiene parte de la población con estos niveles de dependencia, así como también por la frecuente superación, a medida que va aumentando la edad, de las barreras que le restringen la plena participación (mediante apoyos humanos o ayudas técnicas) en actividades de la vida cotidiana. A diferencia de este comportamiento, las difi­cultades motrices o sensitivas están más relacionadas con el proceso degenerativo del envejecimiento corpo­ral, con enfermedades del sistema circulatorio o respiratorio, así como también con causas externas, como por ejemplo accidentes de tránsito, laborales, etcétera, que afectan más considerablemente en la adultez.

 

  • Diferencias de género de la población con dificultad o limitación permanente por cantidad de dificultades, según grupo de edad.

 

Grupo de Edad

Una discapacidad: 

Varones 45,5 / Mujeres 54,5

0 a 14 - 52,2 /  47.8

15 a 64 - 46,7 / 53,3

65 y más - 39,7 / 60,3

Dos discapacidades: 

Varones 42,5 / Mujeres 57,5

0 a 14 - 55.4 / 44,6

15 a 64 - 47 / 53

65 y más - 38,3 / 61,7

Tres o más discapacidades

Varones 40,6 7 Mujeres 59,4

0 a 1 - 54,1 / 45,9

15 a 64 - 46 / 54

65 y más - 37,8 / 62,2

 

Grandes grupos de edad: para estudios económicos y sociales se clasifica a la población en tres grandes grupos de edad: 0 a 14 años, 15 a 64 años y 65 años y más. El primero, de 0 a 14 años, se define como población joven. El grupo de 15 a 64 años corresponde a la Población en Edad de Trabajar (PET) y está cons­tituido por las personas potencialmente activas. Las personas de 65 años y más son consideradas adultos mayores.

 

Porcentaje de población de 65 años y más: es el indicador básico para conocer el envejecimiento demo­gráfico de la población de un territorio. Permite evaluar la estructura de edades y apreciar el peso relativo de dicha población sobre el total de las personas. Se calcula dividiendo el número de personas de 65 años y más sobre el total de población por cien.

 

  • Condiciones de vida

 

Hogar y vivienda

 

Hogar: persona o grupo de personas que viven bajo el mismo techo y comparten los gastos de alimentación.

 

Vivienda: espacio donde viven personas. Éste se halla separado por paredes u otros elementos, cubiertos por un techo y sus ocupantes pueden entrar o salir sin pasar por el interior de otras viviendas. Las viviendas pueden haber sido construidas o adaptadas para ser habitadas o bien ser utilizadas con ese fin la noche de referencia del Censo. Según el régimen de convivencia de las personas que las ocupan, las viviendas se clasifican en: viviendas particulares y viviendas colectivas. La población con dificultad o limitación permanente fue cen­sada con el cuestionario ampliado que se aplicó a las viviendas particulares.

Vivienda particular: vivienda destinada a alojar personas que viven bajo un régimen de tipo familiar. Cons­tituyen tipos de viviendas particulares: casas, ranchos, casillas, departamentos, piezas en inquilinato, piezas en hotel familiar o pensión, viviendas móviles, viviendas en lugares de trabajo, locales no construidos para habitación. Las viviendas móviles y los locales no construidos para habitación se consideran viviendas par­ticulares, sólo si hubo personas que pasaron la noche de referencia del Censo.

 

Calidad de los materiales de las viviendas: indicador que sirve para evaluar y diagnosticar el estado de situación de las viviendas en base a los materiales con las que se han construido. Arroja una tipología de viviendas, que las clasifica en: aceptables, recuperables e irrecuperables.

 

Este indicador se construye a partir de las preguntas sobre piso, techo y cielorraso.

 

Las viviendas aceptables son aquellas que por la calidad de los materiales, no necesitan reparación o modificación para satisfacer las necesidades del hogar, ya que poseen materiales resistentes en todos sus componentes y tienen elementos de aislación y terminación. Son las viviendas que cuentan con piso de cerá­mica, baldosa, mosaico, mármol, madera o alfombra. Los techos son de cubierta asfáltica o membrana, bal­dosa o losa, pizarra o teja y chapa de metal. Todos los techos cuentan con revestimiento interior (cielorraso).

 

Las viviendas recuperables son aquellas que requieren reparación o modificación para que puedan cumplir con las condiciones adecuadas. Presentan pisos incompletos, sin terminación y techos sin aislación y termi­nación, o realizados con materiales de baja resistencia. Son las viviendas que cuentan con piso de cemento o ladrillo fijo y otros. El techo presenta cubierta asfáltica o membrana, baldosa o losa, pizarra o teja, chapa de metal o fibrocemento o plástico y otros. Los techos no cuentan con revestimiento interior.

 

Las viviendas irrecuperables presentan condiciones precarias. No se pueden mejorar ya que suponen, necesariamente, el reemplazo de sus materiales, debido a que no son resistentes en alguno de sus compo­nentes. Son las viviendas que cuentan con piso de tierra o ladrillo suelto y el techo es de chapa de cartón, caña, tabla o paja con barro o paja sola.

 

 

Total del país

Viviendas Aceptables

 

En el total de las viviendas particulares 62,6

En las viviendas particulares con al menos una persona con dificultad o limitación permanente 58,2

 

Viviendas Recuperables

En el total de las viviendas particulares 33,3

En las viviendas particulares con al menos una persona con dificultad o limitación permanente 37,2

Viviendas Irrecuperables

En el total de las viviendas particulares 4,1

En las viviendas particulares con al menos una persona con dificultad o limitación permanente 4,6