Proceso iniciado y continuado

Sus inicios

En el año 1981 la Conferencia Episcopal Argentina lanza la Prioridad Juventud y organiza por sectores la evangelización de los jóvenes. Uno de esos sectores era  “jóvenes marginados”, que incluía a jóvenes con discapacidad que a su vez decidieron armar un sector propio: Sector Discapacitados.

En la Arquidiócesis de Buenos Aires fue uno de los sectores, que terminada la Prioridad Juventud, siguió trabajando. Estaba integrado por jóvenes con y sin discapacidad. Concurrían a las parroquias para concientizar sobre esta temática al final de las misas, visitaban algunos centros de personas con discapacidad y daban catequesis.

Del 12 al 15 de Octubre 1990, en el Encuentro Nacional de Responsables de Pastoral de Juventud realizado en Parará, jóvenes de todo el país compartieron su mirada sobre los problemas de la juventud y establecieron algunas líneas de acción en orden a transformar esa realidad. En el sector discapacitados participaron 72 jóvenes provenientes de las siguientes diócesis: Bahía Blanca, Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Concordia, Córdoba, Cruz del Eje, Gualeguaychú, La Rioja, Mendoza, Morón, 9 de Julio, Paraná, Quilmes, Río Cuarto, Rosario, Salta, Santa Fe, Viedma.

Acciones propuestas:

·         Exigir a la Iglesia la formación integral de sus pastores, ayudándoles a reconocer en los discapacitados miembros activos y plenos del Cuerpo Místico.

·         Impulsar la formación integral de los catequistas especiales en la espiritualidad propia y la integración de los centros de catequesis especial a nivel diocesano, regional y nacional.

·         Promover la dignidad humana y defender el derecho a la salud física, mental y social de las personas discapacitadas.

·         Perfeccionar el esfuerzo que conlleva a la integración de la persona discapacitada en la sociedad, que es la base de la rehabilitación.

·         Tomar conciencia, que, para ya comenzar a vivir la civilización del amor, la Iglesia toda (sin excluir a los ahora marginados), debe participar descubriendo, impulsando y motivando la comunión eclesial según el Evangelio.

·         Conscientizar a la Iglesia Misionera para aceptar la vocación del discapacitado para la vida sacerdotal y consagrada.

·         Afirmar el deseo de búsqueda en el conocimiento de la problemática del discapacitado, por parte de educadores, animando y compartiendo  esas inquietudes.

·         Comprometer a instituciones católicas a la implementación de sistemas educativos que impulsan modelos integradores a la luz de los preceptos evangélicos.

·         Impulsar los contactos sobre los trabajadores y los empresarios públicos y privados (según la ley vigente) a fin de comprometerlos en la integración del discapacitado a la actividad laboral.

·         Promover e integrar desde la comunidad eclesial e instituciones civiles, talleres protegidos y fuentes laborales en cada zona.

 A partir de 1990 este sector arquidiocesano toma una nueva dimensión al convocar a diversas iniciativas ya existentes referidas a la temática de la discapacidad (catequistas, maestros, personas con discapacidad motora, personas con discapacidad auditiva, personas con discapacidad visual, padres, etc.). Así se convierte en una Comisión para las personas con discapacidad. El Card. Antonio Quarracino estableció que sus objetivos fueran animar, promover y coordinar las tareas que se realizaran en la Arquidiócesis hacia dichas personas.

Con su actividad crecieron las acciones hacia el interior de la Iglesia buscando generar una mayor toma de conciencia y apertura hacia esta población. También se logró un movimiento hacia la sociedad en general, junto con otras organizaciones, promoviendo su reconocimiento y cambios necesarios. Fueron diversas las acciones realizadas en pro de la visualización de esta población y sus necesidades y de sus derechos.

Desde esta Comisión se generó, en la Iglesia de Buenos Aires y también en otros ámbitos eclesiales, una reflexión sobre esta realidad y sus múltiples dimensiones. Ella fue se convirtió en una referencia de consulta y generadora de acciones en pro de su inclusión.

Un paso más hacia la inclusión de las personas con discapacidad en la Iglesia

Luego de tantos años de búsqueda y de trabajo continuo, el Card. Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires, decidió que este trabajo pastoral se profundice y crezca aún más. Consideró que un fruto del Año de la Misericordia debe ser la preocupación de la Iglesia hacia esta realidad y para eso debe fortalecerse el trabajo grupal para que no sea el trabajo de algunos solamente, sino que sean muchos los que sostengan esta tarea.

Esta decisión coincide providencialmente con el Sínodo Arquidiocesano que busca que todos los miembros del Pueblo de Dios escuchemos su voz que resuena en la Iglesia y en todos los hombres y situaciones de la vida, a fin de construir con espíritu inclusivo el bien que Jesús nos ha enseñado.

La Comisión para las personas con discapacidad plantea a la comunidad cristiana que es fundamental dejar de lado prejuicios e ideas erróneas sobre la discapacidad. Hay que ver en ella una cuestión funcional que no afecta la dignidad humana, sino que por el contrario es una dimensión de la humanidad. La diversidad funcional se manifiesta de modo particular en quienes tienen alguna deficiencia.

La discapacidad hace referencia a una persona que desde su nacimiento o a partir de algún momento de su vida por diferentes causas tiene alguna deficiencia en alguna o varias de sus funciones y que para realizar su vida en igualdad de oportunidades con los demás individuos necesita un entorno que no le restrinja su participación, se organice de tal modo que pueda trasladarse, estudiar, trabajar, expresarse, interrelacionarse, hacer lo que desee, desde su propia forma de funcionar con la mayor independencia posible. La discapacidad no es problema de la persona sino de la sociedad que debe organizarse desde la particularidad de cada sujeto para que pueda ser uno más entre todos.

Desde esta perspectiva la discapacidad es fruto de la relación que existe entre una persona con deficiencia y un ambiente que no respeta su manera propia de ser. La discapacidad no es fruto de una deficiencia sino de un ambiente que no da posibilidades de participación. Es necesario que se deje de lado toda palabra, mirada y juicio despreciativos hacia todo individuo por el motivo que sea, entre el que se encuentra la deficiencia. Rechazar a alguien, impedir su acceso y participación, en razón de su deficiencia es discriminación. Y la Iglesia debe valorar a toda persona para que ella en su interior y en la sociedad encuentre ámbitos que brinden posibilidades que le permitan su participación como protagonistas, como piedras vivas que construyen el tempo de Dios.

Es importante que tomemos conciencia de la cantidad de personas con discapacidad que existen en Argentina. El Censo Nacional 2010 ha establecido que la prevalencia obtenida para el total del país a nivel población es de 12,9%, lo que representa 5.114.190 personas que declaran tener alguna dificultad o limitación permanente. A nivel hogar es de 30,6%, o sea que en 3 hogares de cada 10 hay por lo menos una persona con discapacidad. Y que en la Ciudad de Buenos Aires hay unas 316.844 personas con discapacidad, o sea el 11,2% de la población.

Valorar a las personas con discapacidad como protagonistas de su vida es ser fiel al Evangelio que pone en el centro de la comunidad a cada persona como piedra que aporta a la edificación de la gran familia de los hombres. Ellas pueden participar en la sociedad, son capaces de una actividad y son dueñas de su decisión. Las personas con discapacidad tienen capacidad jurídica de derecho y de hecho, son dueñas de sus decisiones. Esta concepción se ha plasmado en el nuevo Código de Derecho Civil  y Comercial. Ya no hay personas capaces e incapaces. Toda persona es capaz de tomar decisiones y si hay alguien que para esto experimenta dificultades, será un Juez quien determinará junto con un equipo interdisciplinario en qué áreas presenta dificultades y designará un sistema de apoyo para este fin, pero siempre la decisión final será su decisión. Se reconoce que puede haber casos con graves dificultades para expresarse y hacerse comprender que necesitarán una mayor intervención para ciertas decisiones. De esta manera se ha acabado en la Argentina la curatela por la cual alguien decidía en su lugar sin tener que consultarla. Esto es un verdadero cambio que debe ser asumido en primer lugar en nuestra manera de valorar a la persona con discapacidad y en la manera de relacionarnos con ella.

Objetivos y acciones

En marzo de 2018 se ha retomado el trabajo de la Comisión convocando a personas con y sin discapacidad que ya estaban comprometidas con esta tarea y nuevas a fin de establecer objetivos de trabajo para este año en diversas áreas y llevarlas a la práctica.

·         Conocer las diversas iniciativas que existen en la Iglesia de Buenos Aires referidas a esta realidad.

·         Promover la catequesis de las personas con discapacidad, apoyar a las catequistas y ofrecer respuestas a sus necesidades.

·         Apoyar la tarea de inclusión de niños y jóvenes con discapacidad en las escuelas comunes de la Arquidiócesis.

·         Profundizar las acciones dirigidas hacia las personas con discapacidad auditiva

·         Inclusión de esta temática en las actividades organizadas a nivel arquidiocesano (Pastoral Juvenil, Pastoral con los niños, Misa de los Niños, Jornadas, Cáritas, etc.)

·         Capacitación de voluntarios de Cáritas en esta temática y Guía de recursos

·         Promover la accesibilidad en templos, colegios y edificios utilizados por organismos de la Iglesia.

·         Establecer diálogo con los sacerdotes, religiosos y religiosas y agentes de pastoral en general a fin de concientizar sobre la temática.

·         Continuar la tarea junto a las organizaciones de la sociedad civil en el Foro Permanente para la Promoción y la Defensa de los derechos de las personas con discapacidad (Foro Pro) y en el Comité Asesor de la Agencia Nacional de Discapacidad (Ex Comisión Nacional Asesora para la Integración de las personas con discapacidad - Conadis).

·         Continuar con la preparación de un curso a distancia para catequistas y agentes de pastoral para iniciar en 2018.

·         Continuar con el Centro de Rehabilitación para niños en el Centro Madre Teresa de Calcuta (Barrio Rivadavia I – Villa 1-11-14).

Desde la problemática de la inclusión, que si bien no es propia de las personas con discapacidad, esta Comisión plantea que toda la tarea pastoral de la Iglesia tiene que tener como actitud fundamental la inclusión de toda persona desde el respeto a la diversidad de todo individuo.

Confiados en el Señor Jesús, que a todos incluyó en su persona (“Así creó con los dos pueblos un solo Hombre nuevo en su propia persona” Ef.2,14-15), que se dirigió a cada uno según podía comprender (Mc.4,33) y cuestionó estructuras de valor y de organización que excluían a muchos, nos animamos mutuamente a construir una Iglesia y un mundo donde no haya distinción de personas sino reconocimiento de cada una y todas sean consideradas piedras vivas del gran edificio de la humanidad.

Animados por Jesús, que derribó el muro de enemistad que separaba a los pueblos (Ef.2,14) y que nos abrió sin distinción el acceso al Padre en un mismo Espíritu (Ef.2,18), nos disponemos a admirar el rostro del Padre que brilla en cada persona y dialogar con cada una y comprender su perspectiva del mundo y de Dios, que el Espíritu susurra en su corazón.